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#TrashTag

Esta semana me llamó la atención una noticia en particular. La Alcaldía de Santa Cruz lanzó el programa Aula Limpia, donde los estudiantes de unidades escolares serán ahora responsables del aseo y limpieza de sus espacios educativos. En esencia, la unidad correspondiente prescindió de las empresas de limpieza para que tanto alumnos como profesores aprendan a ser responsables y cuidar el mobiliario. Brillante medida. Aplausos por doquier. Pero, siempre hay un pero.

Al día siguiente, una gran cantidad de padres de familia expresaron su rechazo a la medida, argumentando que “sus hijos van al colegio a aprender pedagogía y que la limpieza la aprenden en casa”. Mala noticias señores padres de familia: sus hijos se están aplazando en este ítem y con ellos, el país entero.

Hace unas semanas, vi como un hermoso auto Audi (de los pocos que hay en la ciudad) lanzaba desde su ventana un tremendo papel (con una pepa de durazno adentro) a la calle. Recogí el desecho y se lo devolví al sorprendido conductor. Cualquiera diría que el dinero, el status, un colegio caro, un auto de marca pueden hacer la diferencia. Pero no. La educación se demuestra precisamente en la ausencia de esos elementos.

Al respecto, nuestro país usa cualquier fecha posible para mostrar la riqueza cultural que nos enorgullece: carnavales, corso, entradas que se bailan a lo largo y ancho del territorio, pero las consecuencias son nefastas. En el último Corso en Cochabamba, se recogieron 22 toneladas de basura en el recorrido, donde cortar árboles para acomodar graderías o cortar el tráfico del centro de la ciudad son daños colaterales de este triste espectáculo. Pero hay esperanza detrás de la barbarie, y esta vez llega en formato digital. Desde hace unos días se han popularizado los hashtag #BasuraChallenge y #TrashTag como un desafío donde los usuarios, sacan una foto del antes y el después de una zona urgida de limpieza. De esta manera, bordes de río, calles, espacios abiertos, entre otros han sido limpiados por usuarios que solos, o con la ayuda de amigos, se dan a la tarea de recoger la basura en bolsas, sacar una foto del resultado, publicarlo en redes sociales  y contagiar el espíritu de estos “challenge” para que otros se sumen a ellos. Por lo mismo, y hay que decirlo con vergüenza, hace unos meses un grupo de voluntarios japoneses llegaron a Bolivia para limpiar el salar de Uyuni, otros en el Lago Titicaca y de cuando en cuando, algunas organizaciones lo hacen en la subida al Cristo de la Concordia. Si así están nuestros destinos turísticos, imaginen el resto. Desde ya, pido que Aula Limpia sea un programa nacional en todos los colegios, universidades, empresas, barrios, comparsas, mercados, juntas vecinales, pasanakus, etc.

Una buena ciudad no es la que más limpia, sino la que menos ensucia.

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