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No leo periódicos, leo memes

Ha trascendido, en la última semana, un hecho particular en el mundo de la tecnología: el lanzamiento de Facebook Journalism Project, uno de los proyectos más ambiciosos de esta red social en cuanto a unificar esfuerzos para fortalecer el ejercicio del periodismo en tiempos digitales. Dicho proyecto, además de incluir nuevas herramientas de “storytellying” y de capacitación para periodistas, aborda uno de los conflictos más frecuentes en esta red: la incapacidad de los usuarios de reconocer una noticia falsa de una verdadera, así como la incapacidad de identificar la autenticidad de una fuente informativa en esta plataforma.

Podemos citar docenas de estudios que hablan sobre dicha incapacidad de los usuarios de reconocer el sarcasmo o la ironía en redes sociales, así como los reiterados llamados de autoridades a no considerar información vertida en redes en tono de “rumor”. Sin embargo, la realidad siempre supera la ficción. Hace unos meses, cientos de miles de personas compartían la foto de un auto con un lindo rosón bajo la premisa de “si compartes el auto mencionando el color que te gusta, entrarás a un concurso para ganarlo”. Dicha publicación fue compartida por millones de personas; cuando en realidad, este era el experimento de un grupo de estudiantes mexicanos que buscaba probar la alta veracidad que entrega la pantalla sin verificar las fuentes. Si lo viste en Facebook, debe ser verdad.

Ahí es donde aparece el trabajo del periodista actual que no solamente debe realizar su labor cubriendo fuentes y elaborando contenidos, sino que, también debe darse la tarea de difundir y abrir puntos de debate sobre dicha información en redes, para llegar a nuevas audiencias. Pero aquí subyace una pregunta: ¿Quién es y ejerce como periodista?, ¿un usuario que sube la foto que le pasaron por WhatsApp? ¿Un contacto que publica un meme con contenido político a favor o en contra de las autoridades? A título de “libertad de expresión”, formamos parte de una interminable cadena de sujetos que publican “que el canal 13 lo advirtió” y copian una sentida declaración de privacidad; que se toman en serio las publicaciones de sitios como Playground, Mucha Mierdanga o EjuTV, y que, bajo ese marco teórico, terminan comentando sobre coyuntura (desde las nuevas medidas económicas hasta la visita de la hija de Obama a Bolivia). Lamentable, porque es un indicador de que el periodismo no ha muerto, pero está en coma inducido.

Los hoaxes, la baja calidad informativa y la (inexistente) capacidad crítica de lectura de la realidad por parte de los usuarios, nos han convertido en la generación Facebook: la que más comenta pero la menos informada. Cada like es un placebo a la libertad de expresión, donde ya no interesa la verdad, sino lo viral.

Publicado en:
http://www.opinion.com.bo/ediciones_anteriores/noticia.php?id=209894&a=2017&m=01&d=21

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